El proyecto

Hace diez años, hablar de fantasía, ciencia ficción y terror en Chile era, virtualmente, hablar de la misma cosa. A los escritores de aquel tiempo no les importaba hacer diferencias entre “géneros”. De hecho, postulaban que la mejor manera de hacer literatura “fantástica” era mezclando los elementos de una u otra manifestación para generar un producto original. Eran los tiempos del mash-up y los “géneros desdibujados”.

Sin embargo, al final del día —y de forma algo paradojal—, siempre se terminaba hablando de ciencia ficción. Los ídolos del momento eran Hugo Correa y autores como Jorge Baradit, Francisco Ortega, Mike Wilson y Álvaro Bisama. El portal TauZero.org seguía atentamente el desarrollo de la carrera de estos autores, al tiempo que promovía la crítica y creación de historias “fantásticas”. Estas, sin embargo, tenían un claro componente local y nos mostraban una propuesta en la que el futuro, la tecnología y los viajes espaciales jugaban un rol preponderante.  No había lugar para la magia y los mundos imposibles.

Fue precisamente esta “falta de lugar” la que propició el nacimiento de un espacio como Fantasía Austral, un blog dedicado a la promoción de la literatura de autores en la tradición de J.R.R. Tolkien, su predecesores y asociados. Este espacio nació a fines del año 2010 como resultado del diagnóstico consensuado de un grupo de jóvenes escritores, quienes consideraban que la fantasía, entendida como un género autónomo, no contaba con un lugar para desarrollarse sin estar supeditada a la hegemonía de la ciencia ficción y lo fantástico.

A lo largo de su vida, Fantasía Austral llevó a cabo numerosos esfuerzos para destacar y diferenciar a la fantasía de las formas de literatura imaginativa anteriormente mencionadas. Esto se hizo a través de reseñas, artículos de opinión, referencias bibliográficas y una serie de antologías autogestionadas.  Este trabajo validó la acción del colectivo, llevándolo a participar con charlas en diversos eventos afines a lo largo del país, como la Semana Fantástica de Valparaíso o las Jornadas de Literatura Fantástica de la comunidad Ohtarima de Concepción. Uno de los grandes hitos de la agrupación fue el haberse adjudicado una de las únicas entrevistas realizadas en Chile a Ursula K. Le Guin, famosa por la saga de Terramar y una de las autoras más importantes de la literatura universal del siglo XX.

El camino de Fantasía Austral terminó en el año 2016, dejando un legado (hoy irrecuperable) de varias entrevistas, numerosos ensayos y más de 150 cuentos publicados. Sin embargo, la inquietud que llevó a la creación del colectivo sigue intacta una década más tarde. Aunque han surgido nuevas comunidades chilenas a lo largo de estos años, ninguna se ha especializado en fantasía, y a esta se la sigue confundiendo con lo fantástico, cuando no es la ciencia ficción la que, nuevamente, concita todo el interés. En ese sentido, la realización del I Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción en nuestro país entregó un diagnóstico desolador: de un total de 60 ponencias, solamente una de las realizadas (la nuestra) fue de fantasía.

A esta decepcionante situación se le contraponen acontecimientos positivos como la publicación de la valorada saga de Las memorias del juramento, de Joseph Michael Brennan, que afirman la plena vigencia de la fantasía en Chile, así como la necesidad de reivindicar un espacio exclusivo para que esta pueda florecer y consolidarse con independencia.

Es en este contexto que emerge el proyecto Vagalumbre. Nuestra web busca proyectarse como un espacio para la crítica y difusión de literatura de fantasía, retomando el camino y el trabajo realizado por Fantasía Austral a principios y mediados de la década que está por terminar. Nuestro objetivo es intentar develar y destacar, desde una perspectiva estética y literaria, aquello que hace  única a la literatura que amamos, con el fin de poder compartirlo con todos quienes se sientan afines o represantados por nuestra visión.  Pues somos pegregrinos en un viaje largo y solitario en el que la imaginación es nuestra única luz y nuestra única esperanza en la búsqueda, como decía Tolkien, de “un puerto adivinado por la fe”.

Paula y Emilio